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domingo, 21 de diciembre de 2008

Poemitas - Noteeth-Boy

Este es el primero de una serie de 10 poemitas que tengo escritos. Tengo la idea de publicarlos en papel junto con otros diez que aun no están terminados y acompañarlos con ilustraciones minimalistas en blanco y negro. Pensé en invitar a quién esté interesado a dibujar el poema con una serie de pequeñas ilustraciones que sigan su hilo conductor. Se que hay varios de ustedes que dibujan con gran talento y me gustaría saber si están interesados en la idea. Obviamente esto es con fines tanto artísticos como comerciales y se harían los registros y depósitos que indica la ley. Les mando un gran saludo a todos y acá les dejo el poemita. Espero lo encuentren entretenido.

Nooteeth-boy

Era un niño taciturno,
enfermizo, indiferente,
es que nunca en su vida
le habían salido dientes.

Por esas cosas de la vida,
él ya nunca sonreía,
le daba mucha vergüenza,
porque la gente se reía.

La verdad es que su boca,
no solo de dientes carecía,
otras partes le faltaban,
entre ellas, las encías.

Había probado dentaduras,
de porcelanas y de aceros,
pero todas, aunque caras,
le hacían agujeros.

Un buraco negro y frio
era todo lo que tenía,
cuando quería comer,
una manguera le ponían.

Manzana rallada y papilla
por el tubo le pasaban,
el soñaba que comía
y hasta que masticaba.

"Que difícil que es mi vida,
no se hacer las consonantes,
mi lengua no tiene soporte
debo hacerme un implante"

"Ni tampoco tienes suerte
con lo horrible que tu eres,
que como a los otros niños
te visite el ratón Perez"
(Todo esto, sin las eses)

Una mañana de abril,
cuando del colegio salía
dijo adiós muy por lo bajo
su vida nada así valía.

Buscó por toda la internet,
y encontró un gran cirujano,
de distinguido talento
a quien llamaban "El Riojano".

Lo sentó en una silla,
ató su cuerpo con alambres,
"quédate quieto mi pequeño,
evitemos los calambres"

Noteeth-boy vio todo negro,
sus ojos se pusieron tuertos,
cuando despertó mas tarde
no lo hizo vivo, sino muerto.

Pero él nunca se enteró,
todavía cree que vive,
lo ignoran igual que antes
pero ahora, al menos sonríe.

Adiós pequeño niño sin dientes. Que seas muy feliz.

jueves, 18 de diciembre de 2008

La mujer.

La mujer es un animal peligroso. Tuve la suerte de conocer algunos especímenes desde cerca y nunca hizo falta que me descubra la yugular para corroborar su fiereza. En mis tratos con ellas, más con algunas que con otras pero con todas en algún grado, siempre noté una gran tendencia a acciones no del todo definidas pero no por eso faltas de sentido. Una de ellas es esta gran necesidad que tienen de procrear y con ella su falta de criterio a la hora de elegir el macho dominante. Decir que la mujer pone la procreación como objetivo fundamental sobre todo lo demás sería caer en rotundas generalidades: algunas lo hacen sobre todo lo demás excepto la economía familiar o la novela de las 3 de la tarde. (Siendo esta última opción un tanto más popular entre las mujeres del Conurbano Bonaerense). Conozco varias que aspiran a ser madres y en esta aspiración guardan los deseos y frustraciones de sus mamás y abuelas y con ella llevan el grado de estupidez femenino a puntos inimaginables. Por ejemplo: Una de mis ex novias (y esto es una confidencia y como tal espero no la divulguen ya que si ella tuviera sentimientos podría herírselos con lo que voy a decir)... como decía… una de mis ex novias (tampoco voy a escribir su apellido porque es muy largo y hace mucho calor) una de mis ex novias quería tener diecisiete hijos conmigo. O sea, ni diez ni doce ni quince: DIECISIETE. Claramente le dije que no y entonces comenzaron los problemas. “¿Cómo no vas a querer tener 17 hijos conmigo, vos estás loco, acaso no te gusto más?” Luego descubrí (y el paso del tiempo sigue dándome la razón) de que no necesariamente los quería tener conmigo sino con cualquiera que pueda dárselos. Y como yo tengo los huevos bastante secos creo que hizo muy bien en irse a buscarlos a otro lado. Espero que llegue al número buscado (mis informantes me dicen que está bastante cerca) y espero que cuando los tenga le alcancen las tetas para darles de comer aunque sinceramente lo dudo mucho ya que ni le alcanzaban para mí. No es que las tuviera pequeñas, no me malinterpreten, las tenía de un tamaño estándar pero estaban ya un tanto pasadas de fecha y uno se acercaba a ellas como con la impresión de que en cualquier momento le iban a causar a uno una gran indigestión .Otra de mis ex chicas (y discúlpenme si acá se me pianta una carcajada) quería tener un hijo porque tenía ganas de comprarle la ropita de bebé. Si uno le preguntaba cual era el motivo ella decía: “Porque me gusta mucho cambiarlos y comprarles la ropita de bebé tan hermosa que venden en las tiendas” Claro que esta madre wanna-be hubiera huido despavorida al primer llanto del niño por las noches o al primer pañal por cambiar. No sé que es de su vida hoy, pero mi consejo para ella es que se consiga trabajo en una casa de ropa para bebés o que se compre una muñeca.
Además de ser peligroso, la mujer es un animal por demás extraño. A veces creo que vienen de otro planeta como los gatos y que su objetivo último es el de hacernos la vida miserable. Lo peor de la mujer es su encanto y lo linda que es. Claramente esto está así diseñado para esclavizarnos y someternos a sus deseos. Pero la experiencia me ha enseñado a desconfiar de su belleza casi tanto como de todo lo que dicen. Y no es que mientan expresamente, claro que no. De hecho ellas creen que dicen la verdad. Con esto quiero decir que la verdad de la mujer es una mentira universal. Es el artificio que descubrió la naturaleza para subsistir y es el método que usa para propagar la procreación humana y así nuestro existir. ¿Quién, sino, en sus cabales, desearía fervorosamente tener diecisiete hijos (y todos conmigo!) los cuales, tarde o temprano se van a despertar en el medio de la noche llorando porque están con el culo cagado?

sábado, 6 de diciembre de 2008

El acorde perfecto.

Tenía 90 y desde hacía 10 vivía sola con un piano desafinado. Rehusaba tocarlo sabiendo que pronto se sentaría a hacerlo. Así, pues, la soledad y el silencio (tanto más el silencio que la soledad, si es que no son la misma cosa) la acercaron a su anacrónico amigo. Comenzó despacio, con cautela, como aquellos que desconfiados ingresan en un mar de conchas afiladas. Buscó melodías deformadas y encontró en cada nota un motivo para seguir tocando. Así, con una mueca de placer y morbo que era el resultado combinado de su insufrible soledad y su exquisito oído, fue amigándose con su música. De niña había escuchado un rumor sobre un acorde secreto que permitiría a su realizador verle la cara a Dios y encontrar en esta imagen la perfecta paz. Desde entonces había jugado con la idea de buscarlo pero nunca seriamente, y si bien había gastado tediosas horas en insípidos intentos, nunca lo había hecho sistemáticamente y por supuesto nunca había tenido éxito. El rumor era conocido únicamente en los círculos de elite en los que había sabido moverse. Se creía que para conseguir lo imposible, se debían usar las dos manos para sostener un acorde de siete notas con la presión exacta sobre el pedal, pues la duración era tanto o más importante que el acorde mismo. Rumores, ni más ni menos, que nunca nadie había podido negar o afirmar y que con el correr del tiempo se fueron convirtiendo en poco menos que leyenda. Pero no en ella. Ella había guardado esta ilusión como quién aún cree en los milagros y ahora sus días se destejían en esfuerzos organizados y sistemáticos por encontrar el acorde de Dios. Acordes con sexta, séptima, octava; bemoles o sostenidos, escalas imposibles, en notas altas o bajas, arpegios que terminaban siempre con siete reumáticos dedos sobre el desafinado piano que parecía quejarse ante su ineptitud. Todo lo anotaba y todo lo registraba para no repetir errores, y la voracidad de su necesidad la fue llevando a sentarse frente al piano 14 horas diarias. Vaya uno a saber si por causa de lo altísimo y dignísimo de su tarea o simplemente por mera longevidad, la vida de esta señora parecía no tener fin, y casi llegando a los 100 el piano estaba sencillamente tan desafinado que cualquiera que pasaba caminando por su ventana ponía cara de incomodidad o vergüenza al escucharla tocar. Pronto comenzó a pensar que la tarea era sencillamente imposible y esto la hizo desesperar. Dudó amargamente y con lágrimas que la encontraron sola en una habitación que parecía reírse de su ineficiencia. Es cierto que los años habían matado sin piedad su fino oído musical y ella ya casi no se daba cuenta del error. Pero lo que la desalentaba realmente está más allá de lo que alguno de nosotros pueda comprender en palabras. La queja muerta, ahogada y continua, las pantuflas pesadas con el polvo de mil años y la alfombra negra con el tiempo de otras tantas frustraciones. El eco ido, la reverberación imperfecta, el esfuerzo inútil. La soledad, el silencio, la oscuridad, el calor, los mosquitos, la humedad. Todo esto no es más que un vanidoso intento descriptivo de quién escribe. Me bastará decir que no es nada de todo esto, o en todo caso, lo es indudablemente, pero distorsionado por el peso de mil golpes. Sin embargo, todo llega a un fin, y un gran día (tan grande como las pirámides y el amor verdadero) la vieja volvió a sentarse al piano y comenzó a tocar nuevamente. Razonó que si nunca nadie había tenido éxito en la búsqueda era justamente porque lo habían hecho sobre pianos afinados. Esto la alegró inmensamente. Desarrolló un método (More madness in it than method proper) y calculó que podría alcanzar todas las combinaciones si se pusiera a tocar 20 horas diarias durante dos años. Pensó que estaba acostumbrada a dormir poco y así entonces comenzó su empresa. Las combinaciones que realizaba eran verdaderamente inteligentes y el método más que eficiente. Sus oídos se acostumbraron a frecuencias imposibles y buscaron con gusto el acorde secreto, esa combinación ideal que sociedades y sectas habían perseguido frenéticamente desde tiempos inmemoriales. (Se creía que varios habían muerto en el intento pues así como existe el acorde de Dios también existe el de su antagónico enemigo, y este es, por cierto, mucho más fácil de encontrar y con él, la muerte). Carreras enteras habían alcanzado la ruina total por esta manía que se volvía obsesión en muchos. Sin embargo, nada desalentó a nuestra pianista a partir de este momento. Desde el alba hasta el ocaso, con luz eléctrica o de vela según la ocasión, encorvaba su espalda y acalambraba sus dedos hasta quedar exhausta frente al piano. Pasó un año y había tachado conforme la mitad de las combinaciones posibles. Pasó otro y le quedaron tan solo unas docenas de sonidos. Quedaron veinte, quedaron diez, cinco, cuatro, tres y dos. Quedaba ahora solo el último, y en este último, el éxito de su vida o el fracaso de la de todos. Esa noche, que era una noche igual al resto salvo por la presencia de la muerte que nos viene a reclamar, nuestra anciana muere antes de probar la última opción. Queda sobre el papel, en este perfecto método, la posibilidad de tocar el último sonido. Aquí lo tengo junto a mí, firmado por mi abuela. Quizás algún día lo toque y nada suceda. O quizás me vaya con ella, al cielo o al infierno.

martes, 2 de diciembre de 2008

La próxima hora

Estoy en la habitación blanca. Algunos la consideran mínima, otros irremediablemente inalcanzable. Aquellos que miran un poco más lejos la ven como lo que realmente es: un mundo en sí mismo y un mundo en mí. Estos intentarán penetrarla. Claro que los elegidos son pocos (sabe El cada vez menos) y generalmente de salud precaria. Estos morirán en el primer intento: la habitación no tiene puertas ni ventanas. Yo, sin embargo, no he tenido que hacer tal esfuerzo ya que he nacido adentro. Ella es mi hábitat, mi lugar, yo soy la habitación. Divido mi tiempo en segundos, minutos y horas que sin embargo no conforman días y que, como se podrá inferir con un mínimo de esfuerzo, tampoco conforman meses ni años. Las horas se suman con una matemática básica y precisa pero cualquiera podrá ver que es siempre la misma hora. Por razones de comodidad y morbo les aplico un número diferente e irrepetible y las apilo una sobre otra. A veces, cuando el aburrimiento es insistente, también les asigno nombres junto a los números y soy capaz de contarlas y cantarlas al mismo tiempo desde la primera a la última en una gran hora que es todas las horas. Claro que esto me requiere un gran esfuerzo. La habitación es eterna e infinita. He escuchado rumores sobre como algún día colapsará hacia adentro hasta un punto mínimo donde no tendré ya lugar para acomodar mi cuerpo. Estas no son más que tercas habladurías de envidiosos principiantes. Por lo pronto, aquí estoy y aquí es donde soy. Todos los rumores sobre mis costumbres son ciertos. ¿Cómo no podrían serlos en una habitación eterna? Todo ha pasado ya y todo volverá a suceder ad æternum ad infinitum. Nunca nada dejará de ser. Nunca nada fallará. Así, mis maneras son las de aquel que ya todo lo ha hecho. He conversado con satélites y le he hecho el amor a mil diosas embriagadas. He sucumbido a los placeres del mejor vino y he dado muerte a los más bravos guerreros épicos. Claro que todo esto ha sucedido infinitas veces y cada vez con variaciones de mi antojo. En la última hora, por ejemplo, y antes de escaparme de la rutina, me he perdido junto a Κίρκη en la isla de Eea y he vengado su tiranía sobre Ὀδυσσεὺς cortándole el cuello doce veces. He encontrado mil números primos y los he olvidado solo por el placer que me dará volverlos a encontrar. He escrito el poema perfecto y no he visto Su cara en él reflejada. He deshecho y rehecho de atrás hacia adelante los últimos cantos de los primeros escritos y he encontrado errores irremediables en la mezcla de los colores de los mejores pintores. He sabido olvidar mi nombre solo para pedirle al silencio que me lo grite al oído y he encontrado en mi mano izquierda aquello escondido por su cómplice la derecha. He visto mi espalda en el horizonte y he tocado la piedra que sostiene mis pies solo para pedirle que se arrepienta de su tiranía. Lo he retado a duelo frenéticamente pero solo he recibido silencio a cambio. He hecho esto y todo lo he rehecho siete veces. Así, algunos me glorificarán aterrados, otros en cambio sentirán pena por mí. A los primeros los detesto, a los últimos no puedo más que desearles lo mejor.
Pero estoy cansado de hablar y me pierdo en pensamientos poco interesantes. Debo descansar, las horas son cada vez más largas y sus contenidos comienzan a rozar lo infinito. Necesito recostarme, me espera la ardua tarea de vivir la eternidad en la próxima hora.

viernes, 28 de noviembre de 2008

El último

El último me partió el corazón. Claro que podría haber sido también el primero. Todo depende de cuando uno empiece a contar. Yo, en este caso, había comenzado por el primero. Uno, dos, tres, cuatro… el último. Y a cada uno le había hecho una cruz como un preso. Pero el último, como ya dije, me partió el corazón. Ahora, cuando me pongo a pensar, cuando cierro los ojos y busco en mi memoria imágenes de aquella noche, puedo asegurar que todo es real. Esto pueden creérmelo o no, me da igual. Aunque la espera fue larga, y uno se confunde un poco hacia el final. Me senté en la cama y encendí la TV, era tarde, un poco tarde para mi gusto pero el trabajo dignifica o eso al menos es lo que dicen. Vestido con mi bata deluxe puse el DVD de Casablanca en su edición aniversario y me recliné sobre la almohada. Encendí un Gitanes y empecé. Mi trabajo es simple, aunque no por eso para cualquiera. Las esperas no son nada fáciles y desaniman al más paciente. Pero soy un hombre de una personalidad inquebrantable. Soy un hombre inquebrantable, de personalidad, un gran hombre. Así entonces terminé Casablanca y el cuarto Gitanes cuando el teléfono sonó después de nueve años y ajusté mi bata para atenderlo como quien me llamaba se merece.
La voz habló como la recordaba. En un tono apagado dijo lo que yo sabía que iba a decir, dio sus coordenadas y hacia el final me preguntó cómo estaba. Yo respondí con educación y justeza sin olvidarme tampoco de la pregunta protocolar. La familia, respondió la voz, se encuentra bien, la niña guapa y crecida, el niño ya con los primeros pelos en su cara, la mujer un tanto más gorda. Todo esto, pensé por dentro, es natural y por demás redundante, pero la redundancia es algo a lo que estoy acostumbrado en mi trabajo, que es siempre el mismo y que consiste en esperar. Así entonces colgué y caminé hasta el pequeño refrigerador donde guardo mis cervezas. Abrí una y la bajé casi entera. El calor es sofocante y a mí me molesta como a cualquiera bajo un ventilador de techo que gira no más rápido que la cuerda de una cajita musical. El aire quieto y lleno de humo. El silencio de la película terminada. La voz clara, la coordenada precisa. Puse play en el reproductor nuevamente y comencé a vestirme. “…and wait and wait and wait…” La voz en la película.
Nunca sé cuando deberé salir y entonces siempre tengo mi guardarropas en orden: un pantalón Wrangler Montana azul, una camiseta blanca escote en V, una camisa escocesa azul y roja y un par de zapatos marrones punta reforzada. Agarré la caja de Gitanes casi vacía, la puse en el bolsillo de la camisa y salí al entrepiso. El dueño de la pensión escuchaba “Solo le pido a Dios” en una vieja radio y esto me pareció extraño y si fuera supersticioso hubiera notado que algo no andaba bien y me hubiera quedado adentro. Pero soy torpe, aunque levemente. Así entonces bajé la escalera y salí a la calle. Caminé hasta la esquina y miré hacia la ventana de mi habitación. La luz de la TV iluminaba la noche argentina con imágenes del Marruecos Francés. Repasé la dirección en mi mente. Debería caminar no más de quince minutos. Así que saqué un Gitanes y me puse a fumar. Fumé y caminé hasta que encontré el número grabado en una elegante placa. Aquí, entonces, es donde viven. Toqué el timbre y cuando me preguntaron quien era respondí “soy yo”. Papá me abrió y luego de saludarlo le disparé. Luego hice lo mismo con la niña guapa, el niño con la barba nueva y la señora regordeta. Pero como dije antes, y como repito ahora, el último me partió el corazón. Y es por eso que con Bobi no pude, y aun debe estar ahí, ladrando, avisándole al barrio que sus dueños están muertos.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Me gusta mucho tu pollera

Me gusta mucho tu pollera. O sea, no sé si me explico. No sos particularmente vos, es la ropa. A veces me gustas bastante menos. Pero hoy, hoy me gusta mucho tu pollera. Las piernas blancas te hacen juego con el denim. Y las zapatillas de flogger sin medias me calientan bastante, para serte sincero. Y obviamente, también te prefiero sin pintura en la cara. Así, al natural. Y el hecho de que estés usando una remerita blanca sin mucha ceremonia me pone bastante inquieto también. Seamos sinceros. Sos una flaca hermosa, y me calentás mucho, pero no me da para ponerme de novio. Esas cosas con vos no me van. Caminar de la mano los dos… Hmmm… Que querés que te diga. Preferiría evitarlo. Claro que por un polvo puedo llegar a agarrartela por media cuadra, quizás un poco más. Todo depende de que caliente que esté. Tu vieja… tu vieja me calienta bastante también. De tal palo tal astilla. Es que no se si te habrás dado cuenta, pero ella me busca. No creo que lo haga conscientemente, pero cada vez que voy a tu casa me roza provocativamente o dice algo para encender mis ratones. ¿Qué si alguna vez me imaginé con vos y ella en la cama en una menage a trois? Bueno… seré todo menos mentiroso, así que la respuesta es que sí, claro. ¿Sorprendida? Igual, ojo, que una cosa es la imaginación y otra muy diferente la acción. ¿Acaso crees que soy un hijo de puta? No señor. Además no creo que acepte si se lo preguntamos. Por otro lado, no creo que a tu papá le guste mucho la idea. Claro que el pobre ya está para otra cosa. A lo mejor quien te dice, se sienta a mirar y se excita después de tanto tiempo de inactividad. Voyerismo amateur con madre e hija como objetos del deseo. ¿Existe una palabra para describir este concepto? Habría que preguntarle a la RAE. “Señores, me gustaría realizar una linda menage a trois con esta linda flogger y su madre mientras su padre mira y se excita. Invéntenme una palabra porque no quiero hacer algo que no esté documentado, no me gustaría ser el precursor de semejante aberración. Mi sugerencia, señores, es la siguiente: Amatovoyerismopaternicusmaritalis. ¿Qué les parece?” Y ahí es donde se levantan para aplaudirme y agradecerme tan solemne contribución a su real diccionario. Amatovoyerismopaternicusmaritalis. Hasta sonaría decente si no fuera por tu vieja, que es flor de puta.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Navidad

Salvo por mi cuerpo muerto en el centro, la habitación está como siempre. Veo los ángulos que las paredes forman con el suelo: están sucios, al igual que el piso y la sangre que se escapa por mi cabeza. No siento dolor ni molestias. La sirena afuera y la radio del vecino confirman la fecha. Buenos Aires arde. Quién me mató está bajando ahora las escaleras del edificio. Me pregunto como será su cara, el motivo de su violencia. Si se hubiera llevado mi billetera o alguna pertenencia lo entendería. Pero entró, me rompió el cráneo y se fue sin decir una palabra. Aunque creo haberlo escuchado murmurar por lo bajo algo como "feliz navidad". Estoy en el suelo en una posición indecorosa. Mi brazo derecho quedó cruzado por debajo de mi pecho y mis calzones se bajaron un poco dejándome media nalga al descubierto. Imagino la cara que pondrá quién me encuentre primero. Si pudiera sentir placer, lo sentiría, no tengo dudas. Imagino que quién me alquila está habitación llorará por su renta más que por mi ausencia. Y eso que me habían pagado el aguinaldo. Aunque para ser sincero debo admitir que nunca me trató mal. Tampoco es que le di motivos. Me considero un excelente inquilino. Su hija, la verdad es que está un poco enamorada de mí. Tengo ese efecto sobre las hijas de quienes me alquilan las habitaciones. La navidad pasada (todo sucede siempre en navidad) me había horneado un rico budín. Rico, pero no exquisito. Me golpeó la puerta con ganas de entrar pero la verdad es que estaba un poco ocupado y tuve que despacharla ahí mismo. Es que estaba leyendo Anna Karenina. Ahora que me pongo a pensar, creo que era Guerra y Paz. No lo recuerdo. La muerte debe haberme dejado un poco idiota. Como sea, estaba leyendo, y a la puerta viene la hija de quién me alquila a dejarme este rico budín navideño. ¿O ya estaba muerto cuando vino? No estoy seguro. Así que lo comí como siempre como los budines navideños: con cara de ventilador roto. Y cuando por fin me iba a poner a resumir mi lectura, ahí me golpea el padre para desearme felices fiestas. Se habían complotado para hacerme pasar una navidad penosa. Le agradecí con mi mejor cara y le cerré la puerta en la suya. Que descortés. Espero me perdone. Es su habitación después de todo.

domingo, 9 de noviembre de 2008

1667

El gran viejo se ha quedado ciego. Escribiendo sus versos de cielo e infierno sus ojos se han roto hacia adentro. El día ha llegado y la obra está presta, los versos lo encuentran mirando sin ver : “Say first, for Heav’n hides nothing from thy view nor the deep tract of Hell” “nor the deep tract of Hell…” Repite en lo bajo “Nor the deep tract of Hell…” Lo veo y lo siento, caminando despacio, cuidado su andar, olvidado el mirar. Lo negro del aire, lo frio del viento, lo oscuro del alma perdida en el tiempo. La ropa en la silla, la cama deshecha, la comida en el plato, la casa desierta. Es que es el trabajo, de los que queriendo pueden, de los que haciendo logran, de los que viviendo no mueren. ¿Pues quien más podría, sino el gran viejo, escribir esta obra, en tan solo una vida? ¿Y creen que el precio, la vista muerta e ida, es harto muy alto, para pagar con la herida? Seamos sinceros, seamos todo menos humanos, mirémoslo a él, que nos ha roto en sus cantos: “Say first what cause mov’d our Grand Parents in that Happy State, favour’d of Heaven so highly, to fall off from their Creator,” La heroica rima sin verso de Homero, luego de Virgilio y ahora de él, sentado repasa, del I hasta el X, la mueca en su cara, será la última vez. El año está viejo, el siglo también, Blake lo ilustra primero y critica después: "He was a true Poet, and of the Devil's party without knowing it." ¿Puede una persona hacer sin creer, ser sin saber que su inspiración no es de él? Parece que algunos asi no lo creen, parece que otros lo ven un hereje. Lo cierto es que el monstruo reorganiza sus fuerzas: “Better to reign in Hell, than serve in Heav'n.” Y así los levanta, a sus malditos aliados, que pronto muy pronto caen en su encanto: “The Mind is it's own Place, and their within, can make a Hell out of Heaven, or a Heaven out of Hell.” Luego hacia afuera, hacia esa tierra bendita, el monstruo se eleva “through the Gates of Hell.” ¿Y Dios donde está? Pregunta y responde el libro tercero: Dios solo observa, y se proclama inocente, se libera del tema, de una manera decente: El hijo del padre, se ofrece a sufrir, por los pecados del hombre, y en la cruz morir. Satán es su nombre, Belcebú es su teniente, el libro cuarto lo encuentra, en el paraíso impaciente. La observa a ella, también lo ve a él, duda en su tarea, pues muy inocentes se ven. “Reason just/, Honour and Empire.” Él dice lo obligan a continuar su tarea. Pero el gran ángel Gabriel descubre su intento, y con la fuerza del trueno, lo fuerza a salir. Rafael en el quinto, explica a Adán, lo hasta aquí sucedido. Y luego en el sexto, más de lo mismo: el hijo de Dios ha expulsado a Satán, del cielo lo ha echado, por siempre jamás. En el siete un consejo, muy sabio le da: “in the day thou eat'st, thou diest / Govern well thy appetite, lest Sin/ Surprise thee, and her black attendant Death.” En el libro ocho Adán es curioso, y Rafael advierte por demás vehemente: “heaven is for thee too high/ To know what passes there; be lowly wise” El nueve, el noveno, ¿para que repetirlo? ¿Acaso hay alguien que no lo haya sufrido? La fruta prohibida, la manzana del encanto, la vida perdida, con dolor y espanto. ¿Y después? ¿Después de la orgía, la pasión y el deseo? ¿Después? Pues muy fácil, muy fácil: "They sat them down to weep, nor only tears/ Rained at their eyes, but high winds worse within/ Began to rise, high passions, anger, hate,/ Mistrust, suspicion, discord, and shook greatly/ Their inward state of mind." Y ahora permítanme hacer una pausa, mirar hacia adentro y encontrar una causa. ¿El motivo de esto? ¿La razón del pecado? ¿Acaso no fuimos por EL así creados? Y yo me pregunto… Si todo lo sabe, si todo lo ve, ¿no pudo evitarnos esta falta de fe?
El Hijo viaja presto al paraíso, a juzgarnos muy triste, pues su padre lo quiso. En el once Miguel desciende a la tierra, y narra la historia de una nueva era. El doce nos ve, caminando hacia afuera, con la promesa de un mesías que pronto vendría. ¿Y después? ¿Que viene después? La respuesta servida está a nuestros pies: “The World was all before them, where to choose Their place of rest, and Providence Their guide: They hand in hand with wandering steps and slow, Through Eden took Their solitaire way.”

LIBERTAD, ME CAGO EN LA LIBERTAD.

jueves, 9 de octubre de 2008

Visiones

Buscando el espacio siempre fue, y cuando por fin me encontré en la fotografía no supe de mis necesidades. Se confunde el plano, aunque yo se que todavía debo despegarme, mantenerme aparte de los objetos. Pero estar dentro no significa nada. Hay una luz cambiando el color del sofá, ahora es rojo; y cuando me siento, la imagen me envuelve y me suelda a los puntos sobre la lámina. Pero todavía no es la posición, ni el espacio, todavía no es la fotografía. Así pierdo el sentido, pierdo el control, porque otra vez el lugar es equivocado. El humo me ahoga, pero el acero penetra primero, y pierdo el control, y entonces veo las visiones: