Buscando el espacio siempre fue, y cuando por fin me encontré en la fotografía no supe de mis necesidades. Se confunde el plano, aunque yo se que todavía debo despegarme, mantenerme aparte de los objetos. Pero estar dentro no significa nada. Hay una luz cambiando el color del sofá, ahora es rojo; y cuando me siento, la imagen me envuelve y me suelda a los puntos sobre la lámina. Pero todavía no es la posición, ni el espacio, todavía no es la fotografía. Así pierdo el sentido, pierdo el control, porque otra vez el lugar es equivocado. El humo me ahoga, pero el acero penetra primero, y pierdo el control, y entonces veo las visiones:
Visión número 1: "Un día, de día."Quizás fue la sombra en la ventana, fuera de la ventana. Pero la oscuridad estaba afuera y en la ventana, como todo: allí y aquí, en el ojo. Ella vio la ventana en el ojo, y en la ventana había una sombra. Era un día, y era de día. Estaba sentada, estuvo sentada en un día, durante todo el día, hasta la noche, una noche. Y entonces la sombra se pegó en su ojo, encarnada en la ventana. Frente a la ventana: ella. Alli: el baño, una banqueta frente al inodoro. Debajo: la calle ajena, extraña, sitiada. Como un cuadro reventado, penetrado, pintado con mierda.
La botella es eterna, vacía. Se atornilla a la mesa sin líquido. Cuando hay sol es pegajosa, viciosa cuando está vacía. No se reemplaza ahora la botella, porque es un día, es una noche. Es lo que hay hoy, ahora: una botella vacía en el baño, frente a una banqueta fuera de lugar. Ella está parada, repite la posición, la hora, el sentimiento, la imagen y el razonamiento. Y es el razonamiento: el sentimiento.
Hay una fuerte imagen que quizás sea la sombra, quizás lo sea: la sombra. Es todo tan torpe dentro. El idioma con sus pasados y presentes es torpe y pierde autoridad: hoy, ayer. Un día, una noche es adecuado. Hoy, ayer: ideales.
La sombra es una mancha, una curiosidad. Un motivo, una posibilidad, es la calle y el donde ir escrito en la frente, frente al espejo, escrito en el espejo. Ella lo sabe. Ella estira el momento abasurado, envuelve la tristeza con el papel de su promiscuidad y espera frente a la venta. Mira la mancha, la tiene en el ojo, y entonces la confunde con un espejismo, una corriente desviada en su cerebro que transforma su retina en una mancha inexistente. Ella sabe que no importa, que si la mente se enferma de soledad ésta es indiferente ante el error: la sombra es real, está en su ojo.
Todo es real, todo: el instinto. El instinto le habla de muerte, de un bosque de noche y de un cuerpo blanco putrefacto. Y en el centro: ella, ella mirando adelante su cuerpo cubierto de infesto. Pero para esa imagen ella abandona la habitación, sin irse ni dejar de mirar se olvida de la mancha y su instinto la lleva a ese bosque de noche. Entonces: caras que rodean su cuerpo y la rodean a ella y rodean a la habitación, en el bosque y en el baño, en la habitación. Ella amanece en el baño, la botella atornillada al suelo, vacía.
Quizás fue la sombra en la ventana, fuera de la ventana. Pero la oscuridad estaba afuera y en la ventana, como todo: allí y aquí, en el ojo. Ella vio la ventana en el ojo, y en la ventana había una sombra. Era un día, y era de día.